Fotografía · 2020 — 2022
Cofradía de Volcanes
Una exploración del territorio donde, sin proponérmelo, construí un imaginario personal para reconocerme en un lugar que no era el mío
Llegué a vivir a Colima hace casi quince años. Desde entonces he fotografiado alrededor de los volcanes Nevado y Fuego, en la frontera entre Jalisco y Colima. Comencé influenciado por la tradición literaria y artística de la región, pero con el tiempo entendí que la fotografía era mi forma de arraigo — mi manera de reconocerme en un territorio que no era el mío.
Los volcanes imponen un paisaje en constante transformación. Las quemas agrícolas arrasan la vegetación seca cada temporada; los ríos bajan crecidos tras las lluvias, arrastrando rocas volcánicas; la niebla oculta y revela la montaña según las horas. La cámara registra esas variaciones, pero también construye algo que permanece: un imaginario visual en el que afirmo mi pertenencia a este lugar.
Cada imagen de montaña, río, bosque o fuego provoca una conexión emocional con un paisaje concreto y, al mismo tiempo, constituye una interpretación personal. El relieve cambiante nos envuelve y nos muestra el paso del tiempo — el mismo escenario donde cultivamos la memoria y definimos quiénes somos. ¿Cómo habitar un lugar que no es de origen? ¿Qué significa pertenecer a un territorio que uno elige?
El paisaje no responde, pero insiste. Y en esa insistencia — en volver a fotografiar la misma montaña, el mismo río, el mismo fuego — encuentro que este territorio ya forma parte de mi propia historia.
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