Fotografía · 2020
El Color del Olvido
Lo que se desprende
Caminar por las calles del centro histórico de Colima es recorrer una ciudad que se deshace en silencio. Fundada en 1525, la ciudad conserva en sus barrios antiguos un patrimonio arquitectónico que nadie demolió pero que nadie sostuvo — y que el tiempo, los sismos y el abandono han ido desmontando con una paciencia que nosotros no tuvimos para preservarlo.
En 1985, un polígono de 1.32 km² fue designado como centro histórico. La protección existe en el papel. En las calles, los muros cuentan otra historia: capas de pintura que se desprenden, revelando capas anteriores; aplanados que caen, dejando el ladrillo expuesto; puertas que llevan años sin abrirse. Cada fachada es un registro involuntario del tiempo — un archivo cromático del olvido donde los colores no se eligen, se heredan y se pierden.
Fotografiar estas fachadas es documentar lo que ocurre cuando una ciudad deja de mirarse a sí misma. Los esfuerzos de restauración han llegado tarde, carecen de recursos suficientes y no involucran a quienes aún habitan estos espacios. Mientras tanto, el deterioro avanza con la naturalidad de quien sabe que nadie lo observa.
_El color del olvido_ no pretende denunciar ni romantizar la ruina. Propone detenerse frente a lo que todos los días se camina de largo — mirar las texturas, los colores, las grietas — y reconocer en esos muros la memoria material de una ciudad que se olvida de sí misma mientras todavía está habitada.