Fotografía · 2020

El Color del Olvido

Año
2020
Imágenes
16 fotografías

Lo que se desprende

Caminar por las calles del centro histórico de Colima es recorrer una ciudad que se deshace en silencio. Fundada en 1525, la ciudad conserva en sus barrios antiguos un patrimonio arquitectónico que nadie demolió pero que nadie sostuvo — y que el tiempo, los sismos y el abandono han ido desmontando con una paciencia que nosotros no tuvimos para preservarlo.

En 1985, un polígono de 1.32 km² fue designado como centro histórico. La protección existe en el papel. En las calles, los muros cuentan otra historia: capas de pintura que se desprenden, revelando capas anteriores; aplanados que caen, dejando el ladrillo expuesto; puertas que llevan años sin abrirse. Cada fachada es un registro involuntario del tiempo — un archivo cromático del olvido donde los colores no se eligen, se heredan y se pierden.

Fotografiar estas fachadas es documentar lo que ocurre cuando una ciudad deja de mirarse a sí misma. Los esfuerzos de restauración han llegado tarde, carecen de recursos suficientes y no involucran a quienes aún habitan estos espacios. Mientras tanto, el deterioro avanza con la naturalidad de quien sabe que nadie lo observa.

_El color del olvido_ no pretende denunciar ni romantizar la ruina. Propone detenerse frente a lo que todos los días se camina de largo — mirar las texturas, los colores, las grietas — y reconocer en esos muros la memoria material de una ciudad que se olvida de sí misma mientras todavía está habitada.

Cuatro portones del centro histórico: zaguán azul, puerta amarilla con reja, cortina negra y un toldo de lona roja sobre madera.
01 Las fachadas del centro se descascaran al sol del mediodía. Bajo cada capa de pintura asoma el adobe que levantó la ciudad antigua.
Cuatro entradas: ventana enrejada en muro claro, reja de hierro naranja sobre ladrillo, puerta negra con marco rojo y zaguán oscuro entre franjas turquesa.
Hileras de casas en ruina con balcones de hierro, muros desconchados y un portón de madera barnizada bajo el sol.
Fachadas cubiertas de grafiti: zaguanes oscuros, una reja amarilla y muros de mampostería marcados con aerosol.
Cuatro frentes deteriorados: puerta de rombos con grafiti amarillo, fachada celeste, ventana cegada y portón azul sobre muro ocre.
05 El grafiti se acumula sobre los muros abandonados. Casas que fueron hogar y hoy solo guardan su número y su color.
Fachadas con zócalo de pintura desprendida: puerta negra con franja turquesa, muro azul con carteles y portón sobre pared anaranjada.
Cuatro accesos: puerta de madera junto a placa conmemorativa, fachada verde con puerta azul y portones negros entre muros amarillos descascarados.
Ventanas y puertas con herrería labrada: muros de piedra gris, una pared de cantera azulada y un portón rojo sobre zócalo turquesa.
Ventanales con marco azul sobre ladrillo expuesto, una reja de hierro y un portón de madera barnizada en muro amarillo intenso.
Puertas gemelas en muro rojo descascarado, una fachada naranja con ventana blanca y portones de madera entre paredes amarillas y azules.
Cuatro portones de madera labrada bajo arcos, marcos de cantera ocre y muros verdes carcomidos por la humedad.
11 La humedad va comiendo la madera y la cantera. Talla y cantería de oficios antiguos que pocas manos saben hoy reparar.
Casas de tejado con arcos y escaleras de azulejo rojo, ventanas de herrería y portones bajo dinteles de talavera.
Fachadas frente al sol duro: puertas con toldo de concha, muros descascarados y ventanas azules enrejadas sobre zócalo despintado.
Muros con grandes grafitis de globo azul y verde, ventanas blancas con zócalo rojo y un portón naranja de madera amarilla.
Cuatro fachadas en avanzada ruina: enlucidos caídos, manchas de óxido y puertas azules y verdes sobre muros amarillentos agrietados.
15 El abandono avanza, fachada tras fachada. El olvido es la última capa que el tiempo añade al centro histórico.
Portones de madera clara y un balcón amarillo sobre casas bajas desconchadas, con autos y rejas frente a la calle.